Fútbol y elecciones: semejanzas del 8-2 y 80%-20%

27 octubre 2020 | Felipe Bravo

A quienes nos gusta el fútbol, recordaremos el mes de agosto cuando por los cuartos de final de la Champions League de Europa se enfrentaron el Barcelona, donde jugaba nuestro Arturo Vidal, y el Bayern Munich. Antes del partido, los sitios de apuestas daban por favorito al equipo alemán y a pesar de ello, nuestras preferencias locales iban por el equipo español donde Vidal solo era un actor de reparto. El resultado fue histórico, un contundente 8-2 a favor del Bayern Munich. Dentro de lo anecdótico fue que la fase final de la Champions League del 2020 se jugó en un formato diferente en Portugal por las dificultades derivadas de la pandemia y si bien fue distinto a lo tradicional nadie discutió los resultados.

Así como el abultado resultado de agosto en Portugal provocó grandes cambios en el equipo del Barcelona, nadie que ame el fútbol, ni siquiera los hinchas del Real Madrid, podrían imaginar el fútbol sin el equipo catalán ni negar los grandes éxitos y logros que ha tenido este equipo a través de los años. Y es que los que conocen de fútbol saben que ese equipo venía en decadencia y ese resultado fue solo la gota que rebalsó el vaso. Como ya no pudo reinventarse en el éxito, lo que le quedó fue caer y renacer de las cenizas.

Al igual que el 8-2 futbolístico de agosto, el 78%-22% a favor del apruebo en el plebiscito sugiere una diferencia pocas veces vistas en el fútbol o en política. En efecto, a pesar de que las encuestas daban por favorita a la opción del apruebo, para algunos lo sorpresivo fue el margen de la diferencia.

Ahora, más allá de una burda analogía entre el deporte y la situación política nacional, nadie puede desconocer el éxito en distintos ámbitos que ha tenido el país en las últimas décadas, y si bien el estallido social nos cambió las prioridades como país, el 25 de octubre de 2020 marca el primer hito para definir el país que queremos tener en el futuro.

Es que el proceso, la participación y el resultado hablan de la madurez del pueblo chileno, donde más de siete millones y medio de compatriotas decidieron hablar en las urnas con el voto más que tomar el camino de la violencia. Incluso, este día valida el acuerdo que hizo gran parte de nuestra clase política que ofreció una alternativa institucional para resolver las divergencias.

A partir de ahora, este resultado nos fija una responsabilidad adicional de seguir mostrando al mundo la civilidad y compromiso con el país. Sin duda que el camino no será fácil ya que aún hay focos de violencia que por ahora son aislados pero que deben ser erradicados. A mi juicio, es esa violencia lo que genera temor y eso explica la volatilidad, tanto en la economía como en los mercados.

Lamentablemente, la pausa derivada del Covid-19 no solo provocó un retraso en la hoja de ruta constitucional establecida en noviembre de 2019 sino que también provocó una caída en el producto y en el empleo a lo que deberá sumarse el aumento en la pobreza de una parte importante de la población. 

Sin duda que los desafíos son múltiples y pueden llegar a abrumar a quienes lean esta columna. Sin embargo, otra cara de la misma moneda son las oportunidades que esta coyuntura ofrece. Por ejemplo, desde marzo, la bolsa chilena es una de las más rezagadas de toda Latinoamérica y sus valoraciones no se condicen con la situación de sus compañías. Para nadie es un misterio que los ingresos corporativos están teniendo fuertes caídas, pero la gestión económica y sanitaria de la pandemia en Chile ha sido mucho mejor que en nuestros vecinos y eso no lo refleja el valor de las compañías.

Por muchos años, nuestro país al igual que el equipo del Barcelona ha sido un ejemplo, aunque su reinversión en el éxito fue cada vez menor hasta que se agotó, luego vino el desaliento. Creo que el hito que marcó un giro en la situación país ya no fue el 18 de octubre de 2019, fecha manchada con destrucción y caos, sino que el 25 de octubre de 2020, fecha donde Chile decidió democráticamente tomar un camino que nos llevará a otro estado. Ello nos abre desafíos y oportunidades donde hay que participar y hacerse cargo del cambio y no solo meros espectadores.